Los beneficios de la toxina botulinica en verano

Llega el verano y la aplicación de toxina botulínica se convierte en uno de los tratamientos estéticos más solicitados. Y si bien su aplicación puede realizarse durante todo el año, es uno de los pocos tratamientos de rejuvenecimiento para el rostro que no necesitan ser interrumpidos frente al aumento de la exposición solar. Durante los meses de verano no puede realizarse ningún tratamiento estético que exfolie, es decir, que elimine las capas más superficiales de la piel ya que cada capa protege al organismo de las radiaciones solares. La exfoliación por lo tanto, puede provocar lesiones dérmicas desde pigmentaciones como lentigos o queratosis, hasta la aparición de cáncer de piel. Pero la aplicación de toxina botulínica sí puede realizarse perfectamente durante el verano ya que solamente disminuye la contractilidad de los músculos donde se aplica, por lo que tiene máxima indicación para prevenir arrugas durante el verano.

La mayor exposición al sol durante el verano produce a su vez una mayor acentuación de los gestos de expresión del rostro, porque los músculos faciales se contraen de manera repetida para evitar encandilarse con los rayos solares. Aparecen o se acentúan así, las arrugas del entrecejo, de la frente y las “patas de gallo”. Por lo tanto, los beneficios de la aplicación de toxina botulínica son aún mayores en este período del año ya que al disminuir la contractilidad del músculo se atenúan las arrugas de expresión y se evitan “zonas blancas” o sin broncear a nivel facial. En los meses previos al verano, tanto los pacientes que ya se vienen colocando toxina como quienes lo hacen por primera vez, encuentran en este tratamiento una buena opción para llegar al verano de manera óptima para poder lograr un bronceado uniforme. Y el beneficio es doble: por un lado la aplicación de la toxina tiene un excelente resultado estético, y por el otro previene la aparición de nuevas arrugas resultado de las contracciones continuas de los músculos faciales al exponerse al sol. La zona más solicitada para la aplicación de toxina botulínica en el verano es el tercio superior del rostro: patas de gallo, entrecejo y frente.

Como la toxina tiene además un uso efectivo en el tratamiento de la hiperhidrosis, su aplicación en verano agrega la ventaja adicional de una menor transpiración facial. Y en el caso puntual de las personas que tienen problemas de hiperhidrosis o sudoración excesiva, es el momento recomendado para la aplicación de toxina. Quienes sufren de esa sudoración excesiva pueden ver afectado su comportamiento social durante este período del año, ya que el calor empeora el problema y afecta especialmente las zonas de las palmas de las manos, la planta de los pies o las axilas. Sin embargo, estos pacientes pueden encontrar en la aplicación de toxina una solución porque su aplicación permite paralizar la actividad de las glándulas sudoríparas que controlan la aparición de sudor.

Es importante recordar que la toxina botulínica debe ser aplicada por médicos especialistas. Una incorrecta aplicación puede generar riesgos de salud en el paciente; y aunque se trata de un tratamiento muy sencillo, siempre es preciso realizar un diagnóstico correcto y definir adecuadamente la zona de inyección y la dosis precisa. En la actualidad el método se ha perfeccionado, se han realizado además innumerables estudios a largo plazo con el producto que demostraron su seguridad y eficacia, y sus resultados se han optimizado con las nuevas técnicas de aplicación y fundamentalmente con el perfeccionamiento de los profesionales.

Ventajas del tratamiento con toxina botulínica en verano:

  • Es uno de los pocos tratamientos que no tiene que suspenderse o que no se ve afectado por la mayor exposición a los rayos solares.
  • Es rápido, la sesión dura entre 5 y 10 minutos.
  • Sus resultados comienzan a verse a partir del tercer día de su aplicación
  • Dura de cuatro a seis meses dependiendo del paciente y la zona de aplicación. A partir de la segunda aplicación, su efecto puede durar un poco más.
    No requiere anestesia.
  • El paciente puede regresar a su actividad normal después de la sesión.
  • Evita que aparezcan líneas de expresión como consecuencia de una mayor gesticulación en esta época del año.
  • Evita que se marquen más o que se profundicen las líneas de expresión (fundamentalmente patas de gallo y entrecejo).
  • Permite transpirar menos.